sexo, cervezas y algunas otras cosas

9.11.2005

A más de mil kilómetros de casa.

Es curioso cómo ve uno las cosas cuando está fuera de casa. Más de mil kilómetros y algunos usos horarios de diferencia despejan tantas dudas...

El año pasado me escapé cuatro días a Roma como último -y vano- intento de recuperar mi historia con Dani y de huir de ya sabéis quién.El viaje en sí mismo no obtuvo los resultados que yo esperaba pero aprendí muchísimo de mi misma y de la cultura italiana y además me lo pasé fenomenal.

Durante todo este año, me he sentido muy frágil y vulnerable, constantemente necesitada de creer que no todo el mundo sería como ya sabéis quién y que esa experiencia no se repetiría como se repite todo en los ciclos de la vida. Necesitaba aferrarme a un salvavidas y Dani, como casi siempre, estaba ahí, justo a mano cuando lo necesitaba. Después vinieron las cosas raras, pero a veces, cuando uno conoce a alguien de tantos años, y ha pasado por tantas cosas como hemos pasado nosotros, llega a creer que esa otra persona y por extensión la relación, no cambiarán nunca, por más que todos los indicadores digan lo contrario. Ya sabéis, lo de que conoces la esencia de una persona y todo eso.

Puede que entre Dani y yo, la esencia permanezca siempre, pero la forma, que es en definitva, lo que uno siente como tangible, es distinta a la de hace 10 años. Estos días en Milán no he dejado de pensar en él. He escrito. He hecho fotos también y hasta me he subido al tejado del Duomo pero no acababa de arrancarme la idea de la cabeza y volvía con algo de desazón.

Es curioso como a veces los desconocidos entienden mejor nuestros problemas que los amigos del alma. Y en realidad es porque aunque uno viva en Madrid y el otro en Sudáfrica, y se hablen idiomas distintos, los problemas son los mismos en todas las partes del mundo. Junto a mi, en el asiento del avión, viajaba una chica, 29 años y pelo rubio, dulce y guiri como ella sola, que ha compartido conmigo una caja de filipinos y algunas confesiones.

Cuando ella me ha preguntado si tenía pareja, con mi inglés algo más que oxidado, le he contestado que no, que toy soltera y buscando alguien que me ame (otra de las cosas que he asumido en Milán aunque sospecho que para el resto del mundo era bastante evidente).

Hablamos de la independencia de la mujer, del reloj biológico, de esperar a la persona ideal, y por alguna de esas cosas ha salido su pareja en la conversación. Dos años viviendo juntos y ahora, cada uno se ha ido a vivir por separado, aunque siguen siendo novios. En fin, no he podido dejar de entrometerme: "your lovely friend, but only a friend" creo que le he dicho. Me sospecho que no está muy bien expresado, pero me ha entendido. Lo importante es que me he dado cuenta de que mi historia con Dani hace años que es eso: que donde no hay, tampoco se puede rascar.

Supongo que a veces un desconocido o una máquina son confesores más sinceros de lo que son los amigos, y pienso que es porque te enfrentas a ellos sin pretensión, básicamente porque sus juicios, si es que los pueden dar, te importan una mierda. Y eso nunca sucede con un amigo. Aunque es delicioso llegar a casa y encontrar postales en el buzón y los mails de tus amigos diciendo que te han echado de menos y se mueren por ver los regalos que les has traído. Chicas, yo tb os quiero mucho, aunque eso no me hacía falta ir a descubrirlo a Milán.